ATRÉVETE A SENTIR

“Sé valiente -dijo- en la vida, en el amor y en el sexo.

La gente olvida que debe pedir caricias y besos. No pienses nunca que ése es el coto privado de tu pareja del momento. Ojalá entendieras que hay que despenalizar las acciones que se relacionan con el sexo.

Un abrazo no debe ser de diez segundos, ni de treinta, puede durar ocho minutos si es necesario. Acariciar un cuerpo no debe suponer siempre sexo. Debes apreciar la caricia como parte de tu vida. Despenalizarla en tu vida.

Al igual que ríes el chiste de alguien y aceptas que sus palabras generan en ti un sentimiento de felicidad, tampoco debes temerle decir a alguien que su piel, sus ojos, su boca te generan otro sentimiento. Hay que despenalizar las acciones del sexo, llevarlas a la vida real, a la cotidianidad, y jamás enlazarlas con el sexo si no con el VIVIR…”

Albert Espinosa “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo” 

 

Son malos tiempos para tocar… y más para tocar con consciencia, como un canal esencial más de comunicación que nos permita enriquecer nuestros vínculos más allá de la palabra. Porque, en este empeño de refugiarnos tras pantallas, en el que las nuevas tecnologías con la excusa de mantenernos constantemente conectados cada vez nos alejan más de todo y de todo, parece que el contacto cercano, de calidad, cálido, entregado, nutritivo, se ha ido convirtiendo en una especie en peligro de extinción.

Y si conectar a corta distancia, si el poder mirarnos a los ojos mientras hablamos e incluso mientras compartimos silencios preciosos, si el contarnos a fuego lento, sin prisa y con todos nuestros sentidos abiertos de par en par, si el relacionarnos con una presencia total y absoluta en en momento presente, se ha convertido en la excepción, en casi una hazaña; el contacto físico se ha visto aún más reducido más a su mínima expresión… Porque si cuesta quedar, más cuesta aún tocarnos…

Cuando logramos coincidir de forma premeditada o casual, se repiten rituales sociales en los que nos tocamos por protocolo… dos besos, un choque de manos, un abrazo fugaz, palmaditas en el brazo… Y, sí, menos es nada, pero imagina si pusiéramos consciencia en lo significativo de cada contacto, éste se convertiría en un regalo y lo que es más importante, en abono de nuestras relaciones significativas.

Desde siempre es como si la piel fuese patrimonio exclusivo del flirteo y de la sexualidad, como si no existiese la posibilidad de tocarla si no es “con alguna intención”. Y cuando alguien es más de tocar, se enfrenta a menudo al juicio, a la crítica, a la malinterpretación… Por supuesto que hay quienes utilizan el contacto para saltarse los límites sutiles sin permiso, pero eso también se entrena. Tanto hay que legitimar el tocar y permitirnos ser tocados, como el vetarlo cuando no nos sentimos cómodos o no lo queremos, como contenerlo cuando no es bien recibido. Como en toda expresión de comunicación, la escucha activa y la empatía es la clave para garantizar el entendimiento desde el idioma de la piel.

Pero ya va siendo hora de descubrir el magnífico poder del tacto consciente… Ése que permite expresar con las manos lo que no encuentra palabras o que las acompaña y refuerza cuando son insuficientes. Ése que tiende puentes y que nos hace sentir reconocidos e importantes. Ése que transmite auténtico  y sincero mimo y ternura, que nos susurra “me eres importante” y nos envuelve cálido en un clima de confianza y protección. Ése que, desde el respeto más absoluto, llega a tocar el alma. Besos y caricias conscientes como otra manifestación más de la vida, del afecto, del amor, de la amistad… sin etiquetas, sin estereotipos, sin juicios ni prejuicios, sin valoraciones…

Los cuerpos se nos marchitan por falta de contacto…

Tocar es vitamínico y resucitador, es balsámico y reparador, es estimulante y revelador, es nutritivo y sanador… y, además, refuerza nuestros vínculos, los redimensiona y los revaloriza. Tocar es un preventivo de los conflictos y cuando no los evita puede llegar a neutralizarlos (prueba a interrumpir una discusión con un abrazo de corazón, verás el milagro). Así que, abraza largo y apretado, acaricia suave y con firmeza, besa de todas las formas posibles, toma de la mano mientras escuchas, acurrúcate en el otro y escucha sus latidos hasta sincronizarte, entrelaza tus piernas y siente las raíces, reposa tu cabeza y déjate sostener, camina del brazo a un mismo son, escucha con tu cuerpo, deja que tu piel se exprese, toca y déjate tocar, purifica el contacto, atrévete a sentir, concédete la oportunidad de amar y ser amado aunque sólo sea por un segundo, por unos minutos, como si no hubiese nada ni nadie más importante que la otra persona en ese instante…

Y lo que es más importante… ¡empieza por tocarte a ti así, con presencia y consciencia, con veneración y ternura, con entrega y dedicación, con respeto y amor! Empieza a amarte en cuerpo y alma. Deja que tus manos te reconozcan y te hagan ser, venera cada parte de ti y agradece, mímate como te mereces… Porque no podemos dar ni recibir aquello que no poseemos… Es muy fácil, sólo hay que tocar… lo demás, vendrá como por arte de magia.

ITTARA

Fotografía: Alex Bocharo