ELIGE CUANDO TENER UN ORGASMO

Ella empezó a llegar estando a horcajadas sobre mí. Su cuerpo se levantaba y se deslizaba. Sentí sus oleadas de amor resonar a través de mi cuerpo, suavizando mi empuje masculino, dejándome caer en la apertura del amor. Después, se puso plana encima de mí, y continuó llegando y llegando; sus pechos y su vientre eran una suave membrana fundiéndose.

 Tenía una belleza increíble. Ninguna parte de ella, ni el ojo, ni el labio ni la curva contenían tanta belleza como la ofrenda del orgasmo mismo. Su placer era tan vulnerable, su amor tan vasto, su confianza tan grácil, que me sentí abrumado. ¿Qué podía hacer si no entregarme en adoración, vientre con vientre, muslo con muslos?

 Mi cuerpo se volvió transparente en el poder de su amor. Sentí que la intrascendente apresuración de mi esfuerzo diario se disolvía en su gloria femenina. Desaparecí en ella, consumido por su gran amor, para volver a encontrarme como siempre, como amor sin movimiento o necesidad, interpenetrando cada una de sus células y su alma a medida que se rendía aún más profundamente. Mientras yo impregnaba su corazón para siempre, su orgasmo aflojó el amor, soltándolo más sonoramente; y, una vez más, lo que quedaba de mí fue atraído hacia, a través de y más allá de la inconcebible belleza de su vulnerabilidad intrépida y de su amor abierto. Su orgasmo era una flor que me atraía más intensamente hacia su fragancia, hasta que me fui en temblores y suaves pétalos, descansando como el amor que es nuestra esencia misma. 

En otra ocasión ella estaba llegando al orgasmo, pero parecía totalmente cerrada. Tenía tensa la respiración, apretada la mandíbula, fruncido el ceño. Froto su “botón” contra mí con ansiedad, necesitada, como un oso que se rascara inconscientemente la espalda contra la corteza de un árbol. Después, simplemente, se detuvo. Había acabado y estaba cansada. No se reveló ninguna profundidad, no se desplegó ninguna apertura. Su espiral se desplegó al friccionar conmigo y ahora todo había acabado. Su corazón, simplemente, se hallaba como antes. Y nuestra separación presidió el momento doliendo como un picotazo.

 A veces, el orgasmo femenino llena de energía a la mujer y a su amante. Pero en otras ocasiones el orgasmo de la mujer puede agotarla y debilitarla, como suele ocurrir con el orgasmo eyaculatorio masculino.

Con la práctica, la mujer puede aprender a distinguir, desde el comienzo mismo, los orgasmos que van a incrementar su energía y abrir su corazón de los que van a dejarla agotada y obligarla a cerrarse. Cuando siente en el horizonte un orgasmo que va a agotar su energía, la mujer puede respirar y dirigir su energía activada y cercana al orgasmo hacia sus circuitos internos, ascendiendo por su columna y bajando por la parte anterior de su cuerpo en plenitud bendita, dejando de lado el orgasmo agotador que podría debilitarla.

Sin embargo, ella puede disfrutar tantos orgasmos potenciadores de energía como desee. Éstos orgasmos rejuvenecedores puede ser clitorianos, vaginales o de cérviz, o una combinación de ellos, y esto cambia de mujer a mujer y de un momento a otro. Pero, en cualquier caso, estos orgasmos de plenitud son un tremendo regalo para la mujer y su amante, que santifican la pareja en un refrescante océano celestial, al tiempo que les despierta recordándoles el amor original,vasto y sin esfuerzo.

David Deida

Foto: Autor Desconocido