PAREJAS SIN INTIMIDAD SEXOAFECTIVA

Si estás en pareja, pero el amor se ha enfriado y has pasado de ser amante a compañer/a de piso sin intimidad, tal vez te preguntes que le ha podido pasar a la pasión que llegaste a sentir una vez, al deseo de estar con tu amado/a, a la complicidad que existía entre ambos. Qué ha ocurrido y cómo para acabar viviendo en la misma casa, pero sin relacionarte sexoafectivamente.

¿Dónde están esos sueños y proyectos conjuntos que un día tanto te ilusionaron?, ¿Cuándo empezaron las excusas para no relacionarte sexualmente con tu pareja del tipo: estoy cansado/a, ahora no me apetece, mañana mejor, …? Vives junto a alguien a quién un día amaste y puede que aún sigas amando, pero han desaparecido las caricias, las miradas, la complicidad, la comunicación, los abrazos…, y es que, tal vez, te has convertido en un/a buen amigo/a conviviendo bajo el mismo techo, compartiendo facturas, tareas del hogar, crianza de hijos,…

Cuando te llevas bien con tu pareja, sin grandes conflictos que dificulten la convivencia, y que aumente la distancia o la brecha entre los dos, te puede hacer justificar el no “romper la relación” a la espera de que todo esto sea algo pasajero. Y te lo cuestionas porque estás bien en casa, no hay discusiones y sí buenas conversaciones, tienes cómodas rutinas y aún podéis compartir aficiones. Sin embargo, tal vez evites entrar en la comunicación emocional de lo que realmente está sucediendo, o de por qué la sexualidad no está presente en la relación.

Llegados a este punto, tal vez te preguntes porque continuas en una relación de pareja sin intimidad sexoafectiva. ¿Tanto peso tiene el tener una buena convivencia y responsabilidades conjuntas? Y es que la respuesta está más en la mente que en el corazón: nos llevamos bien, no discutimos, el día a día es fácil, nos repartimos tareas y compartimos gastos, tenemos nuestros trabajos y el tiempo libre cada uno lo gestiona a su manera…; podemos darnos diferentes respuestas mentales con tal de no afrontar la situación y romper unos vínculos que, de hacerlo, nos complicarían la vida. Por eso, tantas veces aceptamos con tristeza, mantenernos en esta situación aunque no tengamos intimidad, aunque tengamos hambre de amor, de contacto, de caricias, de conexión, de sexo…y peor aún por miedo a quedarnos solos.

Cuando la pareja está en esta situación, muchas veces evita hablar de esa ausencia de intimidad sexoafectiva, y aparecen las excusas, justificándose en que esta situación es temporal y que las cosas cambiarán en cualquier momento. Y así van dejando pasar el tiempo hasta que un día el distanciamiento es tan grande que dificulta el acercamiento por haber dejado demasiado tiempo desatendido el vínculo.

Si estás en esta situación y sigues adelante con la relación sin intimidad sexoafectiva, tal vez es el momento de preguntarte ¿qué haces en esta relación? ¿de qué tienes miedo? ¿qué sentimientos te despiertan? ¿qué es lo que dejas de afrontar? ¿te ves envejeciendo al lado de tu pareja desde este lugar? 

Y la respuesta a estas cuestiones puede llevarte a reflexionar sobre qué puedes hacer para revertir esta situación, qué puedes hacer para reavivar la pasión, la sensualidad, el amor, la conexión…, antes de dar por perdida la relación…

¿Qué puedes hacer?

– Hablar, comunicar tus necesidades y escuchar las de tu pareja, de una forma empática, sensible, vulnerable, sincera…

-Recuperar y abordar los cuidados mutuos, las atenciones, los detalles cotidianos. Detenerte en una mirada, cogerle la mano, abrazarte a tu pareja, apoyar tu cabeza en su hombro, recibirla con una cálida sonrisa, dejarte acoger en sus brazos, sentir el calor de su cuerpo, la cadencia de su respiración, el latido de su corazón, hacerle saber que le ves, que la ves, que quieres estar ahí, permanecer a su lado, emocionalmente también.

-No tener prisas por llegar al sexo hasta que no se haya rescatado la parte emocional y afectiva. La pasión, el deseo, la confianza, la complicidad necesitan su espacio para que puedan brillar de nuevo. Lo mejor es aprender a estar presente con lo que hay, sin expectativas, solo estando, sintiendo y validando lo que va sucediendo.

-Caminar juntos y comprometidos hacia delante, que no sea solo cosa de uno el querer recuperar la relación, porque si no, no va a funcionar.

-Pedir ayuda a un profesional. Lo que te ocurre es más común de lo que te imaginas y no debe generar reparo o vergüenza el pedir el apoyo que necesitas para gestionar lo que vaya surgiendo, y la terapia de pareja puede ser de gran utilidad.

Si hay amor, y voluntad clara y comprometida por parte de ambos, la relación puede tener una nueva oportunidad para florecer.

Prem Áditi (inspirado en un artículo de Valeria Sabater)