05 Jun TANTRA Y CONSCIENCIA GENITAL
Tener consciencia genital significa entrar desde dentro en la parte viviente de nosotros mismos. Cuando practicamos el sexo convencional tendemos a no tener conciencia de lo que realmente nos está sucediendo, ya que normalmente estamos aferrados a una idea de lo que creemos que queremos y nos valemos del pene y la vagina para conseguirlo.
Si seguimos las enseñanzas del Tantra no nos concentraremos exactamente en los genitales, sino que nos relajaremos en ellos. Una relajación desprovista de cualquier tipo de esfuerzo o tensión lo que hace es llevar nuestro estado de conciencia al interior de los genitales, con lo que comenzamos a obtener un sentido interno de ellos. Este enfoque interno dota de consciencia al acto sexual a la vez que aporta gradualmente conciencia al pene o la vagina.
Cuando nuestra orientación es hacia dentro y mantenemos a los genitales en estado de conciencia, casi oyéndolos cuando hacemos el amor, empezamos a verlos y a experimentarlos no por nosotros mismos, sino como participantes activos del acto sexual.
La ralentización de todos los movimientos durante el coito produce de forma natural una consciencia genital, toda vez que permite sentir la interacción de nuestros respectivos genitales aumentando nuestra sensibilidad.
La primera penetración es la que crea el mundo en el que haremos el amor juntos.Si la primera penetración la realizamos de la manera más lenta posible, haciendo además varias y largas pausas para sentir como la vagina cede con suavidad, abriéndose y dejando expedito el camino, podemos saborear toda la gloria que conlleva el fenómeno de penetrar y ser penetrada.
Una vez que llegamos al final, nos quedamos tranquilos y en espera. Pasado un tiempo, puede que queramos recorrer lentamente el camino contrario, para después también lentamente realizar una nueva penetración; o quizás prefiramos permanecer un lapso de tiempo más largo sin hacer movimiento alguno. Sumerjámonos en la sensación de abrazar y ser abrazado por la vagina. Considera tu pene como un productor de energía amorosa y canalízala hacia el interior de tu compañera.
De esta clase de relajación lenta y consciente, surge una fluidez y una sensibilidad que le dan al acto sexual la cualidad de no requerir esfuerzo alguno. Sin metas a la vista, cada instante sexual se convierte en sí mismo en un mundo sexual.
Cuanto más mueve la mujer su pelvis hacia delante y hacia atrás, menos sensitiva es la vagina y más grande es la defensa que automáticamente se establece dentro de las paredes vaginales. Cuando la mujer está a punto de tener un orgasmo, en particular si es a través del clítoris, normalmente empezará a moverse con mayor rapidez, incrementando con ello la fricción; y es precisamente en este punto cuando ella comenzará a separar su consciencia de la vagina. Si es observadora, podrá notar que toda su musculatura vaginal se contrae y se tensa cuando proyecta su pelvis hacia delante y hacia atrás en un afán de crear placer. Dicho de una manera más simple: cuanto más contraído está el entorno menos sensible y receptiva estará en la vagina. Es en este momento cuando la sensibilidad de la vagina tendría que estar en su cotas más altas ya que de esta forma los genitales femeninos complementarios podrían verdaderamente absorber la energía que genera el pene.
Cuando la mujer cesa de mover su pelvis, podemos hundirnos hacia dentro y preparar los músculos y las membranas de la vagina, y por consiguiente el pene, para ser más suaves y sensitivos.
Si un hombre pudiera durante cierto tiempo ralentizar sus movimientos, si pudiera simplemente pararse en la vagina y relajarse dentro de ella, se daría perfecta cuenta de que merece la pena. La falta de sensibilidad se recuperaría de manera lenta y segura.
Cuando como hombre cambies tu enfoque hacia otras percepciones, además de la fricción, llegarás a sentir como si entraras en un entorno fuertemente magnetizado. Algo en verdad fascinante!!!
Diana Richardson: Tantra, amor y sexo