LA PIEL.
Pocas palabras, las justas, no falta ni sobra ninguna, como las miradas. No han hecho falta más cuando la piel ha cobrado protagonismo. La piel ha sido el lenguaje que ha expresado los sentimientos, los anhelos, los miedos, las carencias, las fortalezas. La piel ha sido el vehículo de un viaje donde no había ni tiempo, ni distancia, ni paisaje. No había origen, no había destino, ni trayecto, ni objetivo, ni causa. No había, y estaba todo. Sin haber, no faltaba nada. ¿Había luz? no lo sé, ¿había ruido, música? No lo sé, ¿Qué hora era? No lo sé, ¿Ayer, mañana? Ni idea. Sólo había un siente continuo, un continuo fluir de sentimientos, de sensaciones, de emociones. Las yemas de los dedos han escrito lo que las palabras no pueden expresar, la piel ha dibujado matices que los colores no pueden representar. Sin prisa, sin pausa, sin expectativas, sin tiempo, cada brazo era como irse fundiendo con el otro hasta llegar a tener la sensación de habernos atravesado y acabar espalda con espalda. Frente con frente, las manos han proclamado a gritos modos cariño, ternura, afecto, entrega, amistad. No ha sido corto, no ha sido largo, ha sido, y ha sido lo que tenía que ser, ha sido lo que era. Solo era estar allí y ser, simplemente ser.
Juan k